¿Las pantallas perjudican a los jóvenes? La respuesta depende de qué hacen, cuándo y qué lugar ocupa ese uso en su vida diaria. Para valorar su impacto, conviene mirar también el sueño, las relaciones, el aprendizaje y el bienestar.
Una revisión exploratoria publicada en 2026 reunió 267 estudios longitudinales sobre niños, adolescentes y jóvenes de hasta 25 años. Los trabajos se publicaron entre 2014 y 2024. Para incluirlos, debían medir a las mismas personas en dos o más momentos separados por al menos tres meses. El estudio describe la investigación disponible; por sí solo no permite atribuir cada cambio al uso de pantallas.
Pantallas y salud juvenil: qué encontraron 267 estudios
Los trabajos analizaban distintos usos: Internet aparecía en 201 estudios, las redes sociales en 140 y los videojuegos en 83. Las categorías se solapan, porque un mismo estudio podía examinar más de una actividad. La salud mental y el uso problemático concentraban buena parte de la investigación; había menos estudios sobre actividad física, desarrollo cognitivo y otros aspectos cotidianos. Además, 131 estudios (49 %) se publicaron después de 2020: el interés investigador creció, aunque eso no indica que los efectos sean mayores.
La muestra tampoco representa por igual a todos los países: solo 40 de los 267 estudios (15 %) procedían de países de ingresos bajos o medios. Los resultados reflejan sobre todo contextos de ingresos altos.
Qué puede —y qué no puede— concluirse
Seguir a las mismas personas a lo largo del tiempo ayuda a ver cómo cambian sus hábitos y su bienestar, pero no demuestra que una actividad digital cause por sí sola un problema. El malestar previo también puede influir en el uso de redes o videojuegos. La revisión no calculó un efecto conjunto ni evaluó formalmente la calidad de cada estudio: sus cifras cuentan qué se ha investigado, no cuánto daño hacen las pantallas.
Por eso, una cifra de horas no sirve igual para todas las familias. Fijaos en si el uso desplaza el sueño, el movimiento, los estudios o el tiempo con otras personas, y en cómo se siente el joven.
Hablar de pantallas en casa
Además del tiempo de uso, estas preguntas pueden ayudar a empezar la conversación:
- Sueño: ¿el móvil retrasa la hora de acostarse o interrumpe el descanso?
- Rutina: ¿queda tiempo para moverse, estudiar, descansar y ver a otras personas?
- Contenido y compañía: ¿qué ve, con quién interactúa y cómo se siente después?
- Autonomía: ¿puede explicar sus reglas y pedir ayuda cuando algo le incomoda?
Elegid un cambio pequeño y concreto, como dejar el móvil fuera del dormitorio por la noche, y revisad juntos si ayuda. También puedes leer nuestra guía sobre qué propone el EU KIDS Act para proteger a los menores en Internet.
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Fuente
Banerjee P, Holly L. “Everyday Digital Technology Use and Youth Health: Scoping Review of Longitudinal Studies”. JMIR Public Health and Surveillance. 2026;12:e85094. DOI: 10.2196/85094.



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