La seguridad digital infantil no se resuelve solo con un filtro de contenidos. Un riesgo puede llegar en un mensaje privado, en un juego o en una conversación con alguien a quien el menor ya conoce. Por eso importa tanto revisar la configuración de las cuentas como hablar en casa de qué hacer si algo resulta incómodo.
El 3 de septiembre de 2026, UNICEF publicó Through Children’s Eyes, un amplio informe sobre explotación y abuso sexual facilitados por tecnología. En los 21 países estudiados, se estima que unos 20 millones de menores de 12 a 17 años —casi uno de cada cinco de los que usan Internet en esos países— sufrieron al menos una de estas situaciones durante un año.
La estimación procede de encuestas a unos 21.000 usuarios de Internet de 12 a 17 años en esos países. No describe a toda la infancia ni permite extrapolar la tasa a España. Sí muestra que la seguridad digital infantil exige algo más que limitar las horas de pantalla.
Seguridad digital infantil en plataformas cotidianas
UNICEF señala que más de la mitad de las experiencias se produjeron en grandes plataformas sociales. El informe estima también que más de 15 millones de menores estuvieron expuestos a contenido sexual no deseado, 9 millones recibieron peticiones para mantener conversaciones sexuales o compartir imágenes contra su voluntad y 4 millones vieron imágenes sexuales propias difundidas sin consentimiento.
Según UNICEF, el 57 % de los casos involucró a alguien conocido por el menor. Más del 40 % no se contó a nadie y menos del 1 % se comunicó a la policía, a servicios sociales o a una línea de ayuda. Estos datos explican por qué una conversación de confianza también es una medida de protección.
Por qué bloquear páginas no basta
Un filtro puede impedir abrir determinados sitios, pero no puede sustituir la educación digital. Un menor necesita saber reconocer situaciones extrañas y, sobre todo, saber que puede pedir ayuda.
Una regla familiar sencilla puede ser mucho más poderosa que parece:
«Si algo te incomoda o te asusta en Internet, puedes contármelo aunque hayas cometido un error. Primero solucionamos el problema; después hablamos de lo ocurrido.»
Si el menor teme que la consecuencia inmediata sea perder el teléfono, puede ocultar precisamente aquello que necesitamos conocer.
Cinco puntos que conviene revisar
- Quién puede enviar mensajes o solicitudes.
- Si el perfil, las fotos o la ubicación son públicos.
- Qué aplicaciones permiten mensajes de desconocidos.
- Si cada cuenta tiene una contraseña única y verificación en dos pasos.
- A quién puede acudir el menor si recibe amenazas, presión o solicitudes sexuales.
Ante una situación grave, no conviene borrar impulsivamente mensajes o imágenes que puedan servir como prueba. Bloquear, preservar la evidencia y buscar ayuda adecuada suele ser más útil.
La seguridad también se enseña
El objetivo no debería ser vigilar eternamente a un adolescente. Debería ser enseñarle a detectar riesgos, proteger sus cuentas, decir no, bloquear, guardar pruebas y pedir ayuda.
La mejor protección digital evoluciona con la edad: al principio hacemos muchas cosas por el menor; después las hacemos con él; finalmente debería saber hacerlas por sí mismo.
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Fuentes
- Through Children’s Eyes, informe de UNICEF, septiembre de 2026.
- Comunicado de UNICEF en español, 3 de septiembre de 2026.



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