Leyes contra las pantallas, un primer paso y una gran ilusión
En las últimas semanas, Francia y los Países Bajos han vuelto a colocar en el centro del debate público una cuestión que preocupa cada vez más a familias, educadores y profesionales de la salud: el impacto real de las redes sociales y del uso del móvil en niños y adolescentes.
Las nuevas propuestas legales y recomendaciones institucionales parecen ir en la buena dirección. Sin embargo, conviene hacerse una pregunta incómoda pero necesaria:
¿basta con prohibir para educar?
¿Qué está ocurriendo en Francia y en Holanda?
Francia: hacia una restricción legal más dura
Francia ha anunciado su intención de restringir el acceso a redes sociales a menores de 15 años y reforzar la prohibición del uso de teléfonos móviles en centros escolares, especialmente en secundaria. El objetivo declarado es proteger la salud mental de los menores frente a problemas cada vez más visibles como ansiedad, adicción digital, ciberacoso, trastornos del sueño o aislamiento social.
El mensaje político es claro: el uso precoz y descontrolado de las redes sociales no es inocuo y requiere una respuesta firme.
Países Bajos: recomendaciones claras a las familias
En Holanda, el enfoque ha sido ligeramente distinto. El gobierno ha emitido recomendaciones oficiales dirigidas a los padres, aconsejando no permitir redes sociales como TikTok o Instagram a menores de 15 años y limitando el uso de móviles en las aulas. No se trata tanto de una prohibición legal estricta como de una llamada directa a la responsabilidad familiar.
Ambos países coinciden en algo fundamental: el modelo actual de acceso libre y temprano a las pantallas no funciona.
El error de pensar que la ley lo solucionará todo
Estas medidas son, sin duda, un primer paso necesario. Reconocen un problema real y rompen con años de pasividad institucional. Pero creer que una ley, por sí sola, va a resolver la situación es una gran ilusión.
Los niños siempre encuentran la manera
Quien convive con menores lo sabe bien. Cuentas falsas, móviles antiguos, dispositivos prestados, uso en casa de amigos. La prohibición no elimina el acceso, solo lo vuelve menos visible. Sin acompañamiento adulto, las barreras técnicas y legales se esquivan con facilidad.
La madurez digital no depende solo de la edad
Poner el foco únicamente en la edad es simplificar demasiado. Hay adolescentes muy jóvenes con un uso equilibrado gracias a una buena guía familiar, y otros mayores completamente atrapados por el uso compulsivo de pantallas. La educación digital no se adquiere automáticamente al cumplir años.
Delegar en el Estado es cómodo, pero peligroso
Cuando las familias confían toda la responsabilidad a leyes, colegios o aplicaciones de control parental, ocurre algo preocupante: nadie asume realmente el papel educativo. Las normas se aplican fuera, pero no se trabajan dentro de casa.
El móvil no es el enemigo, la falta de educación digital sí
Prohibir el móvil en la escuela puede mejorar la concentración durante unas horas. Pero si al salir del aula el niño vuelve a un uso descontrolado, nocturno o en soledad, el problema no desaparece, solo cambia de escenario.
Educar en tecnología implica:
Establecer límites claros y coherentes Explicar el porqué de las normas Conocer las aplicaciones y plataformas que usan los hijos Configurar correctamente los dispositivos Acompañar sin vigilar desde el miedo
Nada de esto se resuelve con una ley.
La verdadera solución empieza en casa
Las leyes pueden marcar un marco. Pueden ayudar. Incluso pueden proteger en parte.
Pero la prevención real se construye en el día a día familiar.
Los padres necesitan información clara, herramientas prácticas y acompañamiento. Necesitan entender que educar en tecnología no es prohibirlo todo ni dejarlo todo en manos de otros. Es aprender, adaptarse y estar presentes.
Porque si no educamos nosotros, alguien más lo hará: los algoritmos, las plataformas o la presión social.
Conclusión
Las decisiones de Francia y Holanda son valientes y necesarias. Abren un debate imprescindible sobre el bienestar digital infantil. Pero no nos engañemos: ninguna ley sustituirá nunca a una educación consciente y activa en casa.
La tecnología no se controla solo con prohibiciones.
Se gestiona con conocimiento, diálogo y coherencia.
¿Te preocupa el uso del móvil o de las redes sociales en tus hijos?

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